Curiosa ley del silencio ésta que nos hemos acabado montando los propios marchadores y que incluso hemos llegado a extender fuera de nuestros propios dominios. Aquí, ya se sabe, todo el mundo marcha de fábula, conque mucho ojito con cuestionar públicamente las decisiones de los jueces (la omisión de estas, quiero decir). Esto no pasa en ningún otro deporte y mira que hay muchos (la mayoría) que también se juzgan a ojo. Hasta hemos conseguido que las televisiones se autocensuren no ofreciendo imágenes ralentizadas durante las pruebas y hemos aplaudido que. en un sonrojante ejercicio de falta de profesionalidad, le hurten de esta manera al espectador información sobre el modo de marchar de los participantes (como si eso no fuera interesante). El que esta situación haya podido darse no es sino la más clara constatación de la condición minoritaria que la marcha tiene como deporte y su escasa trascendencia más allá de su propio ámbito. Como para estar contentos, vaya.Fuente: Blog de Bernardo José Mora
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